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El café molido es un producto bastante delicado y, por eso, una vez que hayamos abierto nuestro "brick" de 250 gramos, debemos tomar algunas precauciones para conservarlo de la mejor manera posible y mantenerlo el mayor tiempo posible para que podamos consumirlo siempre con todo su aroma.

El café molido teme sobre todo al aire, el calor, la humedad y la luz, por lo que lo mejor es guardarlo en un recipiente hermético (de acero o cristal) y en un lugar fresco y oscuro: por ejemplo, el frigorífico es perfecto.

Cuando el recipiente donde haya puesto el café molido esté vacío y vaya a llenarlo con café recién molido de un paquete nuevo, es conveniente que primero lo lave y lo seque bien antes de añadir el café fresco.

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