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En París, después de Tokio y Viena, ha abierto sus puertas el primer "bar à chats" donde los clientes de dos patas pueden disfrutar de la compañía de los simpáticos y esponjosos cuadrúpedos bigotudos.

La creadora de esta idea revolucionaria, que pronto se exportará a la sombra de la Torre Eiffel, es Margaux Gandelon, una gran admiradora de la raza felina que sueña con un local con gatitos vivarachos y retozones "para el bienestar de los clientes".

Gandelon no deja de mencionar los efectos beneficiosos del amigo felino en el estado de ánimo del ser humano, pero el proyecto no es demasiado apreciado por los defensores a ultranza de los derechos de los animales, que temen que el animal quede relegado al rango de "objeto". Mientras tanto, sin embargo, "el gato está servido"... no en la olla, sino como cliente real.

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