El siglo XVIII fue la edad de oro de los cafés europeos: eran el lugar de encuentro de la burguesía emergente frente a los salones aristocráticos y las tabernas y cervecerías populares. Los cafés fueron así los lugares centrales de la vida comercial y cultural de las ciudades europeas, donde se desarrollaron los principales aspectos de la sociedad burguesa, desde la economía capitalista hasta la filosofía de la Ilustración.
A finales del siglo XVIII, había casi 3.000 cafés en París. Entre ellos, el Café Procope sigue funcionando hoy en día. Fue el lugar de encuentro más famoso de la Ilustración: Voltaire, Rousseau y Diderot lo frecuentaban y, en particular, era el lugar habitual de los enciclopedistas.
Los cafés italianos eran también lugar de discusiones literarias y políticas, hasta el punto de que la revista más importante de la Ilustración italiana se llamaba "Il Caffè".