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El funcionamiento de la cafetera espresso que encontramos en los bares o en casa es bastante similar desde el punto de vista del procedimiento, lo que varía son las dimensiones (sobre todo de los elementos internos de funcionamiento) que luego se reflejan en la calidad final del café espresso dispensado.

Conceptualmente, una cafetera espresso se compone de una caldera que contiene agua hirviendo a unos 1,2 bares; en el momento en que pulsamos el botón, extraemos una porción de agua de la caldera y, tras unos segundos de preinfusión, la bomba eléctrica impulsa el agua a través de la vaina de café molido, extrayendo las sustancias y aromas del café de forma muy enérgica.

Por lo tanto, la cafetera espresso siempre se compone de los siguientes elementos indispensables:
Caldera: suele ser de acero, cobre o latón. Su función es calentar y mantener caliente el agua mediante un intercambiador de calor.

Bomba eléctrica: es el instrumento capaz de presionar el agua contra la vaina de café con una presión de unas 9 atmósferas. Un manómetro situado en la máquina debe indicar esta presión.

Grupo: es el brazo que se agarra para meter y sacar las dosis de café. Además del pomo, consta de un recipiente filtrante que contiene el café molido y prensado.

La diferencia entre una máquina doméstica y una cafetera espresso de bar radica en el tamaño:
una caldera más pequeña, propia de las máquinas domésticas, tiene más dificultades para mantener el agua suficientemente caliente. Una estructura de máquina "pesada", es decir, con mucho metal, también mantendrá la presión y, por tanto, el calor del agua al máximo.

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