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El café turco toma su nombre de un tipo de preparación del café popular en Turquía y los países árabes. El rasgo característico del café turco es su consistencia "almibarada". De hecho, al prepararse con agua, azúcar y café en polvo mezclados, algunas partículas de café y azúcar quedan suspendidas en la bebida final, lo que le confiere esta densidad característica.

El café turco se prepara poniendo café molido (muy fino) en una olla especial de cobre (alargada y con un asa larga) llena de agua. A continuación se añade azúcar y, según las distintas tradiciones y lugares, algunas especias (opcional). Se lleva la mezcla de café, agua y azúcar a ebullición, momento en el que empezará a formarse una capa de espuma en la superficie. Se retira la bebida del fuego y se pone un poco de espuma en cada taza. A continuación, se vuelve a poner el café al fuego y, cuando vuelva a hervir, se retira. Este ritual debe repetirse al menos dos veces antes de verter el café en las tazas. El café así preparado aún necesita unos minutos de decantación, antes de beberlo, para permitir que el sedimento se asiente en el fondo de las tazas.

Cabe señalar que el sedimento adopta formas particulares y es de la interpretación de estos depósitos que nació la lectura de los posos del café, o cafeomancia.

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