Los precios de las materias primas corren estos días implacables hacia subidas sin precedentes, y el café tampoco se libra de ellas. Hoy, la libra de café verde se cotiza a unos 2,80 dólares, lo que supone entre un 90% (para el Robusta) y un 100% (Arábica) más que hace un año. Hablamos por tanto de un precio para 450 gramos de café (1 libra = 453,59 gramos), que tras el tueste se convierten en unos 385 gramos de café, para unas cincuenta tazas... decir que la situación es preocupante es intentar ver el lado positivo incluso en esta coyuntura.
Pero analicemos las causas estudiando el pasado: en 2001, debido a una devastadora helada en Brasil, el precio del café verde había subido hasta 3 dólares por libra. Pero en aquellos años, este déficit de producción empujó a otros países a entrar en este mercado (por ejemplo, Vietnam, que entretanto se ha convertido en uno de los mayores productores del mundo), haciendo subir el precio del café verde hasta 40 centavos de dólar por libra debido al excedente de producción creado, hasta el punto de que los agricultores se vieron abocados a la inanición debido al bajísimo precio (y recordemos que hay 25 millones de familias en el Sur del mundo que viven del cultivo del café).
Pero aquí es donde entran en juego las finanzas con futuros en los que las diversas cosechas destruidas por inundaciones o sequías no son más que una condición previa para disparar la especulación. De hecho, en estos momentos, el mercado de futuros de café equivale a unas diez veces el mercado físico del mismo producto... pero ¿qué significa esto? Significa que en el mercado se negocia una cantidad de café que se producirá en el futuro muchas veces superior a la capacidad de producción actual, y así, a medida que el café del futuro (por ahora sólo existente sobre el papel) pasa de mano en mano, el precio tiende a ser volátil y, por tanto, a dispararse.
Entonces, ¿ la especulación es pasajera o cíclica, es decir, los precios de las materias primas están destinados a seguir siendo otros? Buena pregunta, cada economista tiene su opinión sobre las tendencias del mercado y, normalmente, el que entre muchos se dispara y lo consigue gana el Premio Nobel